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sábado, 15 de noviembre de 2025

Los humeantes Colts de José El Habichuela en el saloon Barrio Alto de Almería

El hombre trabajaba en las cuadras. Era de los mejores mozos en sanear las pezuñas de los caballos en Barrio Alto. 

Era un individuo de apenas 160 de estatura, enjuto, de barba cerrada, que apareció un día por la city montado en su Burry, una yegua pinta robada a los comanches, que se había convertido en su fiel sombra para escapar de más de un follón. 

Vestía un sombrero tejano mostrando con orgullo en su chaleco una oxidada estrella de sheriff que se había encontrado en el río Andarax. 

Se movía por el salón Barrio Alto desenfadado, juntándose con tahúres, ladrones y pistoleros.

Y ya por entonces llegaban las malas noticias. 

Terence Hill, Bud Spencer y Giuliano Gemma eran la Banda de los Italianos, expertos asesinos asaltadores de  bancos, transportes militares y diligencias. 

El Habichuela como lo llamaban en la city, no tenía nada que ver con la banda.

Llegó a la ciudad hacía unos meses, justo después de que llegara un pistolero ruso mongol llamado Yul Brinner, que se había convertido en el gran tahúr entre los tahúres, que en pocas semanas desplumó a media ciudad. 

Muchos gestionaban sus deudas con sustanciosas cantidades y el Habichuela se pegaba como una lapa a quienes le reportaban cuantiosos beneficios.

Se pegó a los herradores del establo burlándose como una rata asquerosa de la falta de profesionalidad de quienes se afanaban en limpiar, sanear y calibrar las irregularidades de las pezuñas colocando herraduras a los caballos. 

A lo tonto a lo tonto consiguió que el tonto de turno perdiera los estribos y se jugara su puesto de trabajo.

Retándolo en una apuesta a ver quién hacía mejor trabajo con los caballos, el Habichuela destrozó al otro individuo quedándose con su puesto de trabajo.

Al Habichuela le vino muy bien aquel trabajo. El dueño del establo ni le ponía horario. 

Trabajaba cuando tenía ganas. Llegaba, se ponía en la faena y al par de horas todos los caballos estaban bien herrados.

Dejaba a los puercos paletos que lo observaban asombrados.

En el salón nunca le dirigió ni una mirada, ni una sola palabra, al ruso.

Cuando se cruzaban ambos, uno de ellos se quedaba parado para que pasara el otro. 

La gente intuía que había algo raro había entre ellos pero no se sabía qué.

Una mañana las noticias decían que los Italianos cabalgaban cerca de la city Barrio Alto.

Los ciudadanos sabían que se acercaban problemas. 

Muchos comenzaron a ocultar grandes cantidades de dinero en los bajos de sus hogares porque no se fiaban del banco. 

Aún así la mayor parte de la riqueza peligraba en el Barrio Alto Bank a merced de los pistoleros italianos.

No pasaron ni veinticuatro horas que los tres miembros de los Italianos entraron por la calle central de la city y la gente se llevó las manos a la cabeza corriendo para encerrarse en sus casas.

Cabalgaron hasta las puertas del salón y entraron uno detrás del otro, metiendo miedo.

En la barra los atendió con premura el tabernero sudando chorros como un marrano.

Terence Hill señaló la partida de póker que se jugaba en la mesa del tahúr ruso.

Bebieron una gran jarra de cerveza y se acercaron a la mesa abriéndose sitio a la fuerza. 

Sacaron sus fajos de billetes pidiendo cartas al ruso.

- No les voy a servir cartas hasta que no pregunten amablemente si les permito jugar - les dijo Yul Brinner.

Bud Spencer se revolvió para sacar su revolver pero Terence Hill y Giuliano Gemma lo detuvieron.  

Si te lo cargas ahora no tendremos diversión - espetó Gemma y se rieron del ruso imitándolo con sarna. 

- Zus pedimov amablementerinov jugarev al pokérenov - le dijo Spencer con guasa.

Yul ni se inmutó. Repartió cartas para callar a los pistoleros que le acosaban.

El Habichuela entró silencioso como un gato y se situó en una mesa cercana a la partida, a espaldas de los italianos. 

Solo el ruso percibió su presencia.

Ningún feligrés se atrevió a moverse de su asiento para salir del local. 

Tenían miedo de dar la espalda a aquellos pistoleros. 

La primera manga de la partida se definía justo en ese momento. 

Terence Hill creyó que había engañado al ruso. Levantó sus cartas a la vista de sus hermanos presumiendo de trinidad, disparando y creyéndose más rápido que el rayo. 

Cayó al suelo convertido en un fiambre, con los ojos bizcos, sin saber por dónde le había llegado el tiro.

Bud Spencer y Giuliano Gemma no podían creer lo rígido que se había quedado el pobre Trinidad.

Y pensar que Henry Fonda llevaba meses en México siendo acosado por experimentados agentes especiales del gobierno.

Yul Brinner los invitó a sentarse para continuar la partida, mientras enfundaba el humeante cañón de su plateado Colt. 

Repartió cartas tras pedir un corte y el miedo se dibujo en los rostros de los Italianos, obligados a jugarse los fajos de dólares que aún no habían perdido en el juego.

Yul Brinner volvió a ganar la partida. Se guardaba los fajos de billetes en los bolsillos interiores de su camisa cuando fue encañonado por Spencer.

Gemma restregaba los cañones de sus Colts por los ojos del ruso, su nariz y su boca.

El Habichuela entonces tomó parte del juego. 

Los dos pistoleros lo oyeron a sus espaldas, que sabía un juego ruso muy divertido. 

Bud Spencer y Giuliano Gemma se sorprendieron de estar oyendo una voz de ultratumba o un fantasma. 

Los feligreses abrieron hueco y los italianos pudieron ver que se trataba de un hombrecito pequeño y barbudo, vestido con ropa elegante y rostro de pajarraco.

 - Tenemos encañonado al puto ruso y nos sale un pajarraco bastardo diciendo que conoce un juego ruso muy divertido - dijo Gemma. 

Y se rieron a carcajadas los dos italianos con muchas ganas de agujerear el melón de Yul Brinner.

El pequeño hombre sacó entonces un fajo bien gordo de billetes y lo puso sobre la mesa, alentando a todos a aceptar las apuestas. 

En el salón corrieron a jugar las apuestas como quien llama al diablo.

Bud Spencer y Giuliano Gemma se emocionaron de ver tanto dinero en la mesa.

Miles de dólares lograron que los italianos se olvidaran de encañonar al ruso para meterse en la apuesta.

- ¡Vale!. ¡Aceptamos la apuesta! - dijeron. 

Yul Brinner observaba sentado entre risas. 

- ¿De qué trata la apuesta?" - preguntó Giuliano Gemma. 

- El juego ruso consiste en disparar cuatro veces seguidas haciendo que las balas reboten en los rincones y paredes del salón para alcanzar el blanco - dijo el Habichuela.

Bud Spencer se reía a carcajadas de las ocurrencias del hombrecillo. 

Lo consideró un verdadero imbécil. Y Giuliano Gemma lloraba a lágrima viva sin poder aguantar la risa.  

- ¿Eso cómo va a ser?. ¿Eso cómo va a 
ser? - Spencer se mofaba del Habichuela y Gemma jugaba a enfundar y desenfundar su revolver, restregándolo por la nariz del ruso.

- Señores - preguntó el Habichuela - si me permiten comienzo yo el juego ruso. 

Bud Spencer depuró su jarra de cerveza y Giuliano Gemma asintió perplejo desde su silla. 

- Pero antes dime cómo te llamas - preguntó Gemma.

- José, El Habichuela - contestó el pequeño barbudo. 

El Habichuela disparó cuatro veces haciendo humear sus Colts color de lata.

Las balas fueron rebotando de pared en pared por las esquinas del salón mientras Bud Spencer hablaba. 

- Ese nombre lo he oído muchas veces. A ver si me acuerdo" - decía Spencer.

- ¿Cuál es el blanco?. No nos has dicho cuál es el blanco - preguntó Giuliano Gemma.

Justo en el momento que la primera bala rebotó en la última pared y le perforó la sien. 

La segunda bala también le perforó la sien.
 
- ¡Ya recuerdo! - dijo Bud Spencer.

Justo en el momento que le atravesó la tercera bala y no pudo terminar de explicarse porque la cuarta bala le destrozó la sien.

Yul Brinner aplaudió a su compañero de fatigas.

El Habichuela enfundó sus humeantes Colts. 

Se oyó un clamor de sorpresa en todo el salón. 

El Habichuela cogió su oxidada estrella de sheriff, la frotó contra su chaleco y volvió a colocarsela con orgullo.

Guardó su parte de la apuesta. 

Silbó para que su Burry pasara a recogerlo en la puerta del salón. 

Yul Brinner hizo lo mismo. Montaron y se fueron de Barrio Alto city.


miércoles, 12 de noviembre de 2025

Cuando las cosas no iban bien en las familias del Barrio Alto de Almería

Tengo, como todos, recuerdos frustrantes de la niñez. 

Eso que los nuevos entendidos de la psicología aplicada llaman traumas.

Todos hemos caído alguna vez y después nos hemos levantado. 

He visto caer mucha gente conocida y no volver a verla nunca más.

Uno de mis mayores traumas fue ver a mi madre desvalida, sin dinero y sin futuro, llenando la casa de muñecas por todos los rincones. 

Recuerdo vecinas de luto llorando por sus maridos muertos. 

También hombres que no habían llorado nunca sin un rincón donde ocultar su llanto por la esposa muerta.

¿Dónde fue eso?. No lo sé. Pero yo estaba allí en el sepelio. 

Lo recuerdo. Aquellos olores a lo que sea que habían perfumado. 

La caja de la fallecida o fallecido rodeada por un batallón de mujeres con el pelo cubierto por una mantilla negra casi transparente. 

La vigilia nocturna a la luz de las velas.

El barrio no solo está construido con los cimientos de las alegrías. 

También está construido con los sinsabores de la más amarga de las penas.

De los traumas que no queremos recordar. 

De la más profundas de las miserias.

O vives la vida o mueres en vida. 

Amigos que nacieron a tu vera, que se quedaron en el recuerdo, sin verlos crecer. 




martes, 11 de noviembre de 2025

El fútbol del Barrio Alto de Almería en los años de la posguerra

Pensé que en el fútbol del Barrio Alto de Almería no había equipos ni viejas glorias anteriores a 1950. 

Sabía que había leído algo importante pero no recordaba dónde. 

Ha tenido que iluminar mi visión el barrioaltero José Belmonte para enlazar mi atención y que lea un precioso artículo de Ibáñez Nieto en el que hace referencia y homenaje a un señor que tal vez conocí de niño en el Barrio Alto.

Juan Soler Expósito (1919-2019) conocido cariñosamente como 'El Compadre' murió a la edad de 100 años hace poco años. 

Y según cuenta Manuel Ibáñez Nieto en su artículo, fue uno de los futbolistas del fútbol modesto más importantes de los años 1940-50 nacido en el Barrio Alto. 

Lo cierto es que yo buscaba equipos anteriores a la década de 1950, que me habían llegado a decir que el Barrio en aquella época no existía y me tuve que poner serio para dejar claro que el Barrio Alto es tan viejo como las murallas árabes de la Taifa. 

No es culpa mía que muchas personas tengan un velo que les impide ver más allá de las líneas que demarcan, pero después de la Guerra era el fútbol o el trapicheo.

El popular futbolista "Compadre" nació el 13 de enero de 1919 en la calle Verbena del Barrio Alto, cuna de futbolistas y equipos 'gigantes' del fútbol modesto (así lo describe Ibáñez), como el Betis y el Hércules del Barrio Alto, el San Lorenzo y el actual Plus Ultra CF. 

Juan Soler comenzó a jugar al fútbol en el Ayala CF, (club que sonaba mucho durante mi niñez pero no tengo ni idea su procedencia). Cuenta que la Guerra Civil y la inseguridad dificultaban la practica deportiva y con 20 años jugaba en el SEU (Sindicato Español Universitario) en los Campeonatos Provinciales de Fútbol 'No Federados' organizados por la prensa local Yugo.

Los porteros Escamilla y Ortiz 'El Coyote' junto Málaga y Capilla fueron muchos de sus compañeros. El Recreativo Almería y el 'Educación y Descanso' de la Obra Sindical fueron otros de sus equipos en los inicios de los 40 junto a Cazorla, Alberola, Rigaud y Flores.

El techo futbolístico del 'Compadre' llegó a mediados de los años 40 con el CD Ferroviario, conocido popularmente como 'La Ferro' y la UD Almería de Primera Regional demostrando su capacidad goleadora y sello de gran media punta. 

Juan Soler Expósito 'Compadre', un grande del fútbol modesto almeriense de los años 1940-50, falleció en Valencia a la edad de 100 años, el 6 de febrero de 2019.



lunes, 10 de noviembre de 2025

Pepito Murcia, una historia ficticia del Barrio Alto de Almería

Pepito Murcia era uno de esos niños sin padre de la posguerra tardía del Barrio Alto de Almería.

Nació en la calle de las Curiosas, una noche de invierno tan tormentosa, que los truenos parecían dejar sordos a los barrioalteros, y los rayos amenazaban con prender graves incendios en frágiles y obsoletas instalaciones del barrio. 

Las comadronas tuvieron que afanarse, muy a su pesar, para traerlo al mundo iluminando la habitación con velas, en su más que humilde hogar, en una calle anegada por la lluvia y los charcos fecales negros pestilentes de orines.

Su familia, la de su madre, y la de su padre desaparecido, llevaban cuatro generaciones viviendo en el Barrio Alto, más de cien años.

En la humilde vivienda también vivía la abuela medio ciega a la que llamaba Tata, que hizo de madre y era quien realmente crió a Pepito.

La madre, Pepita García, conocida en el barrio como Pepita Merengues, trabajaba en un obrador de pastelería que consumía su jornada diaria por cuatro perras gordas.

Pepito cometió su primer robo a la edad de seis años, en un despiste de la tendera de la frutería del Mercado Central de Almería. La madre lo había llevado para que conociese la ciudad, más allá de la muy humilde calle donde vivía.

El niño metió en su mochilica unas pataticas y unos tomaticos, para agasajar a su abuela, a la que quería mucho. 

Tan pequeño fue sorprendido por la temible pareja de Policías Armada, que le agarraron la mochilica intentando quitársela sin conseguirlo.

Pepito se demostró a sí mismo, por primera vez en su vida, que era muy escurridizo. Había pegado un tirón certero a su mochilica y se la llevó escurriéndose bajo las piernas del gentío dentro del mercado, hasta salir a la calle y esconderse. 

Oculto tras un montón de basura, esperó a que saliese su madre, y le hizo señas para que siguiese andando hacia la rambla. 

Tras un buen ratico, dejó su escondite entre la basura, y cargando con las pataticas y los tomaticos para su abuelica, iba escondido entre la multitud ayudado por su pequeña estatura, camino del lugar de la Rambla donde le esperaba su madre. 

A lo lejos los Policías Armada buscaban furiosos al niño por los alrededores del mercado central.

Cuando madre e hijo llegaron a casa, su abuelica se puso muy contenta con el regalo tan maravilloso de su nietecico.

Al cabo de tres días, Pepito regresó de la escuela a mediodía, arrastrando un saco de pataticas de lo más hermosas, con una bolsa de lentejas de medio kilo escondido en su camisica.

Así transcurrieron los años de la infancia de Pepito Murcia. Muchas veces volvía de la escuela con algo bueno para comer durante varios días. 

A la abuela nunca le faltaba comida para cocinar para alimentar a la familia. La madre aseguraba la vivienda con el poco dinero que ganaba en el obrador de confitería.

Los años trajeron una mejoría económica y la madre lo llevó por primera vez al recién inaugurado Monumental Cinema de Juanico el de Alhama.

Allí Pepito Murcia quedó en shock, estupefacto, al ver por primera vez en su vida una película, una cinta de monstruos terroríficos que él no creía que existieran. 

Gorgo era una especie de lagarto gigantesco, que luchaba con todos los monstruos habidos y por haber, y los convertía en papilla para la cena.

Atacaba ciudades japonesas derribando rascacielos como si fueran de papel, comiéndose japoneses como quien come tentepies, sin que se le pasara el hambre.

Y después, harto de comer y dejar los rascacielos japoneses en ruinas, se escapaba corriendo a través del mar, con la rara ilusión de que por muy lejos que fuera mar adentro, incomprensible, el agua le llegaba siempre por la cintura.

La película lo tuvo en vela toda la noche, y por la mañana en la escuela, se quedó dormido encima de su pupitre, sin que su maestro lo quisiera despertar, porque dormido, el bello durmiente no le creaba problemas, y el aula permanecía en silencio por primera vez en mucho tiempo.

Pepito Murcia se obsesionó tanto con el cine, que no hubo día de estreno que no se presentara a comprar su billete con 20 peseticas. 

El niño alucinaba con las películas de monstruos, luchadores enmascarados y malos malísimos del salvaje spaghetti western, filmes rodados apenas unos meses atrás en las ramblas del desierto de Tabernas o en zonas de montaña y mesetas en los alrededores de la Sierra de Alhamilla o de La Calahorra de Granada.

Pepito Murcia era feliz, tremendamente feliz. Su vida de niño se movía alrededor de la cartelera del Monumental Cinema o de la terraza de verano del cine Oriente, que estaba justo enfrente.

Un día que volvía de la escuela vio un camión dentro de un almacén con los mozos descargando sacos. Se asomó sin ser visto y vio una caja de melones. 

Los mozos iban y venían con los sacos en sus sudorosas espaldas, metiéndolos en una oscura cámara al fondo del almacén, lapso de tiempo que usó Pepito para salir de debajo del camión y agarrar un melón, y cuando se lo llevaba por debajo del camión, alguien lo vio y gritó para coger al ladrón.

Pepito Murcia corrió como pudo con el melón, que casi se le escurría de los brazos pesando lo suyo. Al doblar la esquina por calle Barca, sabía que tenía cerca a los hombres y lo cogerían. 

Ocultó el melón tras un macetón grande en la puerta de una casa, y corrió a esconderse en las ruinas de un antiguo almacén que apestaba a ratas, lleno de excrementos y meadas, ocultándose justo cuando aparecieron los mozos por la esquina.

Lo estuvieron buscando un buen rato, calle arriba y calle abajo, y por las calles adyacentes, sin saber dónde estaba oculto el ladrón. 

Llegaron a entrar en el almacén en ruinas, penetraron casi donde se ocultaba, pero uno de los mozos pisó una cagada y desistieron de buscalo en aquel maloliente lugar.

Tras un rato pareció que se habían ido pero Pepito no se confío. Esperó pacientemente un rato más y sin darse cuenta se quedó dormido. 

A un mozo avispado se le ocurrió esperar oculto en la esquina para agarrar al ladrón in fraganti. Esperó que saliera de su escondite pero se aburrió y optó por irse también. 

Justo que Pepito despertó y salió del escondite, cogió el melón tras el macetón, y como no le cabía en su mochilica escolar, lo partió en tres pedazos y los repartió en bolsas. 

Alzó como pudo su mochilica, la cargó en su espalda, y caminó risueño despacito hasta su casa.

A los pocos días, alguien le había robado a un niño llamado Bernabé, que vivía en calle Martínez, su bicicleta de la marca BH Iberia. Pepito Murcia guardó como oro su nueva adquisición en casa. Con su nuevo Mustang pensaba hacer sus pequeños hurtos lejos del Barrio Alto, para evitar ser reconocido.

Sus libretas escolares guardaban un secreto: empezó a escribir historias del spaghetti western, creando alter egos con pistoleros más rápido que el pensamiento. 

Joe Murcia buscó un apodo espectacular, merced a los momentos que más tranquilidad y reflexión le procuraban a lo largo del día, como darse un baño de agua caliente en el barreño de metal o lavarse la cara en una palangana.

Como no le gustó lo de Barreño, lo llamó Palangana Colt, lo mismo que a la india Elu Winona, pistoleros más rápidos que el pensamiento.


Aprendiendo a jugar al fútbol en el Barrio Alto de Almería

No recuerdo cómo aprendí a jugar al fútbol. Me da la impresión que ya sabía jugar. 

Algún amigo de la infancia, seguramente mi amigo Juanito, el hermano de María, que vivía en calle Pescadores, me enganchó al grupo de niños de la plaza Mula del Barrio Alto.

A mí me gustaba la incomprendida labor de ser delantero centro, posición que en basket o balonmano llaman pivote, que muchos "fieras de salón" llaman "estar de pescaera", que nadie entiende en qué consiste el un ardúo juego posicional, para bloquear la defensa contraria. 

Yo tenía y sigo teniendo un toque de cabeza precioso que nadie supo valorar ni aprovechar. 

También el menosprecio de la jauría de intrusos que usurpan las direcciones deportivas de muchos clubes.

La particular tropa de entrenadores incultos, entienden por futbolista al individuo que se dedica a dar regates, seña de identidad de que muchos clubes tengan clavado el estigma de perdedores.

Muchos de mis amigos de la niñez en el Barrio Alto, apuntaron a ser grandes futbolistas. Pero yo siempre supe que faltaba algo.

Ese algo tenía mucho más valor que un equipo de regateadores profesionales que en cuanto se cansaran físicamente, les iban a robar el balón sin fuerzas para recuperarlo.

Muchos clubes lo arreglan todo con dinero, contratando futbolistas. 

Carecen de una plan de entrenamiento propio que les podría ahorrar muchísimo dinero y muchísimos disgustos, con los jugadores que una vez contratados no rinden.

A veces pienso lo que hubiéramos conseguido los futbolistas de la plaza Mula del Barrio Alto, si la vida no nos hubiese llevado por derroteros crueles, arrastrados por las circunstancias. 

Sabiendo como soy, pienso que yo, personalmente, en otras circunstancias, hubiera llegado al mismo punto de sabiduría atlética donde estoy ahora. 

De haber tenido una conexión fluida con mis amigos futbolistas del barrio, hubiera sido capaz incluso de llegar a primera división, goleando a los grandes clubes. 

El problema entonces, fue no tener conocimientos tan avanzados de entrenamientos de alta intensidad anaeróbica. Ni siquiera había diseñado mi sistema de Línea Roja. 

Desconocía que las rutinas basadas en "Circuitos" que se usan en el fútbol actualmente, alcanzan como mucho un nivel patético tan mediocre como el 80% de la capacidad orgánica. 

Expresado en español, "cualquier persona en su vida diaria, sin hacer un gran esfuerzo, alcanza el 80% de su capacidad con solo agacharse y levantarse." 

Parece mentira que paguen tantos dinerales a entrenadores chatarra.

Por entonces yo era un niño. Creo que nos llevábamos meses entre nosotros, pero en el grupo de la plaza Mula también había niños mayores de varios años.

Cuando me fui del barrio, eché mucho de menos todo aquel ambiente. Tenía doce años y me llevaron a un barrio donde no existía la misma sociología futbolística del Barrio Alto, y ni tan siquiera tenía a los amigos de la niñez.

En el barrio éramos poco más o menos un enjambre de niños que jugábamos al fútbol en ese particular descampado de la plaza Mula, un teatro de los sueños para ser una figura del fútbol mundial.

Cada día de nuestra niñez soñando en la escuela, sentados en nuestros pupitres, sin prestar atención a las aburridas explicaciones de los maestros de la época de los años 60 del siglo pasado. 

Lo nuestro era soñar despiertos que metíamos un gol escalofriante, colocados en una posición imposible, rasgando el aire volábamos, y de repente teníamos el maestro encima, dándonos toques con la regla de madera en las manos, sacándonos del sueño.  

"¿Qué coño estás haciendo?. Estás sordillo o qué?. Presta atención a la pizarra?."  Y el maestro nos robó el gol dándonos un buen tirón de orejas.

Imaginaba a mi equipo en situaciones defensivas agobiantes, mis compañeros del club le robaban el balón al equipo rival, y rápido corríamos hacia la portería contraria. 

Un centro con una hermosa parábola a la olla, un toque mágico con la cabeza y el balón entrando a la red.

En el Barrio Alto todos hemos soñado con ser grandes futbolista. 

La pena es saber que muchos de los amigos con los que jugaba al fútbol siendo un crío, posiblemente, pasaron por el calvario de la decepción, como muchos futbolistas. 

Yo por ejemplo, llegado el momento, deserté del fútbol, principalmente porque en la ciudad donde vivía, el club más representativo siempre estuvo envuelto en el saqueo de sus arcas por parte de la dirección ejecutiva. 

Esto sin contar con el trapicheo de jugadores, cuyos dineros acababan milagrosamente enriqueciendo fortunas privadas.

Lo mejor de mi vida lo he vivido en los viajes. 

Olvidé el fútbol y me dediqué a vivir la vida. 

Así pude averiguar por qué los futbolistas del Barrio Alto, no cruzan la línea para irse, eligieron hacerse míticos en el fútbol modesto aficionado, dentro del crisol de clubes almerienses.

En el Oriente no llegué a militar. Nunca olvidé el San Lucas de Don Lucas Verdegay, ni a mis amigos futbolistas de la niñez: Lucas, Paco, Quino, Yubri, Antonio Soler, Joaquín, Juan Diego, Pío, Yoni, José Manuel, Rafa, Kempes, Paco, Tonda, Luís, Chacón, Emilio, José, mi hermano Pepe, Luus, Jesús, Moreno y Juan Antonio.

futbolistas del barrio alto de almería

domingo, 9 de noviembre de 2025

Entrenamiento personal de fútbol para futbolistas del Barrio Alto de Almería

Hola, amigos!. Tengo varios post sin acabar y sin publicar. 

Estoy metido de lleno en escribir libros deportivos de entrenamiento personal, (running, ciclismo y fútbol), enseñando algunos secretos sobre rutinas de altas capacidades físicas. 

Acordándome del fútbol del Barrio Alto de Almería y de tantos futbolistas, estoy liberando unos pocos conocimientos.

No en forma de tabla de entrenamiento semanal, sino para sustituir las rutinas del día que los futbolistas entrenan con más nivel. 

Un libro para entrenadores y futbolistas que entrenan de forma personal. 

Y lo pongo todo muy sencillo, ya que el problema que tengo, siempre es el vocabulario, para expresar fácil las cosas más difíciles.

Las fórmulas tanto en fútbol como en otros deportes, tienen que ser fraccionadas como adaptaciones del running que son, para el fútbol.

Pensando en los futbolistas del Barrio Alto y lo que hubiera sido mi niñez, esta portada la encontrarás en Amazon libros tal cual.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Las enfermedades mentales en el Barrio Alto de Almería

Hace pocos días leí el dictamen o sentencia de un experto psiquiatra de fama mundial:  "Las enfermedades mentales no existen".

No es raro que tengamos amigos habituales de los que ignoramos que tienen una enfermedad mental.

De hecho conviven con nosotros sin que sepamos realmente que estamos frente a lo que se catáloga como un enfermo mental.

Yo, personalmente, sin embargo, tengo una opinión evolutiva en la que incluyo sin tapujos a las personas tóxicas en ese grupo de gente que necesitan ayuda de la psiquiatría. 

Un día estando en un centro de salud mental como cuidador de mi madre, apareció una persona con la que tenía contacto diario entre risas, chistes con un trato de amistad excelente. 

La vida da lecciones y entiendo que la persona en cuestión era un paciente habitual que tenía que acudir al centro de salud como la mayoría de pacientes, cada dos o tres meses o tal vez seis meses, pero no fue la única persona conocida con la que coincidí en ese centro de salud mental.

Cualquiera de nosotros, niños del Barrio Alto, sabemos de las historias espeluznantes que nos contaban del antiguo manicomio de Almería, situado en la polvorienta carretera de Los Molinos. 

Indagando en internet he encontrado a  Sor Policarpa y su relación directa con el manicomio o centro de salud mental en Almería, pero también he encontrado a Sor Petra, que seguramente muchos habrán conocido.

Cuando entré a trabajar por las mañanas en la casa de una señora hindú en Torremolinos, encontré un cuadro muy grande y pesado, con una imagen de Buda muy rara hecha con un relieve cóncavo.

Con el tiempo supe que las imágenes cóncavas, los enfermos mentales la ven normal mientras los demás la ven cóncava. Pero y si son ciertas las palabras del inminente psiquiatra: "La enfermedad mental no existe".

Yo recuerdo personas del Barrio Alto que, observadas desde la distancia de más de sesenta años en el tiempo, verían las imágenes a la inversa que cualquiera de nosotros.

Uno de los problemas graves de quienes conviven con enfermos mentales, son los momentos en los que el enfermo sufre un ataque psicótico, que se ponga por ejemplo a ver fantasmas, generando en un estado de ansiedad que no tiene solución, que la única vía es sacar al enfermo de ese estado imposible.

La aventura del parque infantil de tráfico de Almería (Barrio Alto)

Encontré esta y otras fotos en el grupo Almería B&N de Facebook, de alguien que las había recuperado y arreglado.

La foto tiene algo especial significado para mí. Yo creía que era el conductor principal de la foto, pero no lo soy. 

Sin embargo, mi hermano Pepe, está en  la curva con el motor del kars ahogado y no conseguía encenderlo. 

El número de su coche puede que fuera el kart número 2. Sin embargo yo conducía el número 1 por toda la instalación más aburrido que una ostra. 

Soy ese que viene de vuelta por el paso de cebra. Y el por qué vestimos todos los conductores de azul no lo recuerdo, quizás para no mancharnos, vestidos de domingo para la ocasión.

Después los mejores premios fueron a manos de los hijos de los papás pijos de Almería. No para los que sabíamos conducir 😂😂 

Recuerdo a mi madre muy consternada para que devolviera el libro de aprender a conducir con el que me habían premiado al final del evento, y que le dijera al inútil del sargento "métete el libro por donde te quepa".  


Colección de fotos del Barrio Alto de Almería: Fútbol y sociedad

jueves, 16 de octubre de 2025

Dónde comer bien en el Barrio Alto y Regiones (Almería)

He pasado la noche en vela. Tal vez se espera una cambio del tiempo o quizás es la neblina del humo de los incendios de Canadá.

El caso es que he tenido tiempo para reflexionar dónde desayunar y comer en una hipotética escapada por los alrededores del Barrio Alto y Regiones.

 Ya saben que yo no vivo en Almería pero cuando vivía en los Pirineos y pasaba por Almería, no recuerdo haber encontrado un restaurante a mi gusto, con mis convicciones, decente a mi observación de viajero.

Recuerdo haber ido a Almería varias veces, entrar en una pastelería entre las calles Canónigo Alonso y Sagunto, (no sé cómo se llama ese barrio) y comprar unos pasteles típicos como las media lunas de chocolate y merengues que todos conocemos, y disfrutar como un loco como si fuera el niño que fui.

En otra ocasión que venía de los Pirineos por carreteras secundarias para pasar por Almería, llegando por la carretera AL-3202, entrando en la avenida Cabo de Gata, me paré en el primer chiringuito que encontré junto a una urbanización nueva, y casi me envenenan con un filete asqueroso al tacto casi esponjoso, que tuve que vomitar.

Me entraron muchas ganas de ser mala persona, de tomar represalias, pero llevaba encima un cansancio tan grande tras 1.200 kilómetros por carreteras secundarias, que no pensaba con claridad. 

Posteriormente camino de Málaga por la zona del Poniente entre Aguadulce y Vícar encontré un Burger King.

Y esperando en la cola, una gachí rubia acompañada por un individuo que parecía que no se enteraba de nada, empezó a acosarme y le di una buena patada fingiendo que me inclinaba hacia adelante.

Otro día que pasaba por la misma zona quise encontrar ese Burguer King y encontré un Mc Donald que evité porque yo nunca entro en los Mc Donald. 

Era verano pero en Almería estaba casi todo cerrado y las carreteras vacías.

Si pregunto por un restaurante en el Barrio Alto, me sale el restaurante Barrio Alto de El Alquián, que parece ser una marisquería, en calle Magallanes, con unas reseñas increíbles y unos platos bien vistosos.

Si me decís los bares, restaurantes y kioscos del Barrio Alto o Regiones donde se pueda comer muy bien, los iré incluyendo en la lista de este post.

Preguntando por kioscos para comer en el Barrio Alto, me sale el de Los Pintores, kiosco - asador Los Domínguez, con buenas reseñas.

Así que lo pongo primero.


1. Kiosco asador Los Domínguez 

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miércoles, 15 de octubre de 2025

Cuando nuestros padres se van, llora el Barrio Alto

Cuando murieron mis padres, sentí mucha desesperación e impotencia.

Estoy seguro que algunos lo sentimos bien fuerte. 

Lo peor fue mirar los rostros de quienes tenían que haber ayudado y se convirtieron en un problema. 

Cuando perdemos a nuestros padres, entramos en un túnel del espacio-tiempo, donde los sufrimientos habidos y por haber, nos van a pasar factura.

Veremos nuestras defensas bajas y nuestras emociones desesperadas.

Ver a nuestros padres con una enfermedad incurable, al principio parece que solo nos roza, pero cuando el cuadro médico se complica, otras enfermedades van saliendo, y sabremos que los llevará al colapso.

Mi padre estuvo enfermo mucho tiempo pero no se dejaba acompañar ni ayudar. Yo pasaba por su pequeño local día sí día no, hasta que dejó de aparecer en el bar donde tomábamos café y vi su pequeño local tres días sin mover ni una sola persiana.

Fui al centro de salud a reclamar a su médico una ambulancia. Desobedecí a mi padre y el médico me preguntó si mi padre quería una ambulancia.

Le dije que la pedía yo, y lo llevaron primero a un hospital y después a otro. Y allí a los cinco días murió. 

Estando en el primer hospital, le pregunté al médico qué le pasaba, y mi padre lo señaló con el dedo amenazando posiblemente con denunciarlo si me contaba algo. 

Seguro que habéis pasado por trances parecidos en el mismo tránsito. Aunque no te des cuenta, las tensiones se van acumulando, dentro de tu propio cuerpo.

Pero la primera en caer enferma fue mi madre. Tenía una enfermedad incurable que evolucionó a lo largo de cincuenta años, y evolucionó agresiva en los últimos años.

Creó un cuadro médico de hasta veinte enfermedades distintas todas juntas socavando su salud.

Es lo que ocurre cuando una persona enferma, sin que haya forma alguna de recuperarse.

Muchos años antes de irme a vivir a los Pirineos, tuve un encontronazo con la dueña de un geriátrico privado, que se publicitaba en mi grupo de poetas y escritores en un bar mientras tomábamos unas copas.

Costaba un ojo de la cara tener a tus seres queridos al cuidado de estas personas, y yo pensé que todo ese dinero que cuesta encerrar a una persona mayor, es un bien preciado para un hogar con recursos justos.

Lo cierto es que abandoné los Pirineos para volver a casa, porque un día, como siempre, fui de visita de incognito a Torremolinos, esperé dentro de un bar con grandes cristaleras que se veía perfectamente la calle, y vi salir a mi madre de su trabajo, desvariando de tal modo que me dolió, y eso fue un indicio de lo que pasaría dos años más tarde.

Ya en Málaga supe que ninguno cobraba la jubilación. O sea que, habían perdido tres años de jubilación porque, nadie, ni ellos mismos, echaron los papeles para jubilarse. 

A pesar de que remití una carta a Madrid para que le pagaran los tres años de jubilación atrasada, el individuo que me contestó me escribió:

"La jubilación se paga desde el mismo momento que el jubilado mete el papel para jubilarse en la sucursal que le corresponde".

Cuando mi madre cayó enferma, llevaba ya dos años en Málaga, pendiente de los papeles de la casa nueva que me iban a dar, porque el barrio entero lo iban a derribar.

Así que creí que no estaba preparado para ello pero lo estaba. 

Mi familia quiso internar a mi madre pero yo dije que no, y me la llevaba a mi casa vieja. 

Pero después dejé que mi hermano pequeño la tuviera en su apartamento de Benalmádena hasta que me dieron la casa nueva. 

Durante ese tiempo pasé cientos de horas en las instituciones arreglando papeles de la enfermedad de mi madre. 

Pero los primeros en ponerse bravos y crear problemas fueron mis padres.

No hubo día que yo no estuviera en alguna instancia esperando durante horas a lo largo de diez años como mínimo, ya fuera por una causa o por otra.

En junio de 2007 le dieron a mi madre la dependencia con trampa. 

Mi madre tenía 100% de invalidez y para pagarle menos por los meses de retraso, tuvieron la maldad de puntuarla con 88 puntos.

Me sentí totalmente perjudicado. Mi dinero en la cartilla bancaria había disminuido desde el 2004 al 2007 a pasos agigantados. 

A pesar del recorte seguí para adelante porque no me quedaba otra. 

Al principio me tomaba de vez en cuando cinco días para despejarme viajando a los Pirineos con un coche de alquiler.

Visitar a mis amigos rompía con todo lo que tenía en Málaga, pero cuando nos dieron la casa nueva, (era de mi madre), empecé a llevarla conmigo de viaje.

Se portaba muy mal, como si yo le debiera algo. 

No me dejaba dormir en los descansos de conducir. 

Se ponía a toser molestando mi cabezada durante los viajes, creando problemas en mi estima.

Dos años después, en un viaje me dice "¡Berna, no me voy a portar mal!". 

Y a partir de ahí empezó a disfrutar de su viaje regalado y dejó de provocarme.

Se llegó a enamorar completamente del valle donde viví.

Un día se me ocurrió preguntarle: "Mamá, ¿tú crees que por viajar a mi manera estoy loco?". 

¡Menudo cambio dio a su respuesta!.

Tiempo después hice pasar a mi madre por otro cribado en las instituciones sociales, y esta vez la puntuaron por encima de 90 y le dieron el cien por cien de la Ley de Dependencia. 

Al poco hubo un cambio de gobierno y el imbécil que gobernaba nos robó casi 100 € al mensuales. 

Así que los primeros que provocan problemas siempre son los enfermos.

Después se van sumando quienes aparentan ayudar pero no hacen nada.

Todos buscando romperte la crisma.


Cuando nuestros padres se van, llora el Barrio Alto



martes, 14 de octubre de 2025

Sueños de juventud (poema de amor sobre el Barrio Alto)

Bien cantaba mi ruiseñor, 
al son de las campanas,
el tesón de mi corazón, 
hacia aquellas melancolías 
y tristes añoranzas, 
que hacían temblar 
a aquellos otros corazones, 
en las tertulias del atardecer, 
sentados sobre sillas y taburetes,
sudándoles las frentes, 
soñando con el mañana.

Y cuando sea mayor, 
seré como ese alguien 
con quien siempre sueño.

Y cuando sea mayor, 
acompañado por esas
bellas mis mujeres, 
viajero por el mundo 
como rico mercader.

Suena la flauta triste, 
sin nadie para consolarla, 
solo ese muchacho insiste, 
meciéndola, adorándola, 
susurrando esa canción 
de amor y de ternura, 
frescos labios y hermosura, 
sueños ansiados por esa 
fina alma insegura.

Cómo sentir amor
sin tener su beso, 
ver brillar su alma 
sin tener su reflejo, 
de su amor amado 
en cualquier momento.


sábado, 11 de octubre de 2025

¿Cómo vacunar a las vacas?. Cursillo para aprendices del Barrio Alto

Ayer vi a la amiga Rocío Verdegay poner la cajita de desinfección de las agujas y la jeringas que tanto espanto nos metió en el cuerpo en la década de 1950-60.

Creo que lo hizo para erizarnos el pelo sin electricidad. Lo peor es cuando nos acordamos de los practicantes y las practicantas, que a la hora de pincharnos parecían disfrutar lo suyo haciéndonos pasar un muy mal rato.

Este cursillo de cómo vacunar vacas ayuda desinteresadamente a dominar la técnica para vacunar amigos, vecinos y enemigos que, por bajón de defensas han enfermado y necesitan una ristra de vacunación diaria o semanal. 

Por si no lo saben, las vacunas se llaman vacunas porque procede precisamente de la vacunación del ganado vacuno, ya que las vacunas o inyecciones las inventó un veterinario 😂

O sea que, los pinchapapas de humanos tienen su raíz en los pinchapapas de vacuno 👿😸

Veréis, como la vaca no habla como nosotros, no entiende cuando la vamos a vacunar y le decimos que se esté quieta.

Entonces la técnica para vacunarlas es agarrarlas con el dedo gordo y el índice bien fuerte de las fosas nasales para impedir que la vaca se mueva cuando le clavamos la jeringa cargada con la aguja en el pescuezo.

 Lo principal es tener la jeringa con la aguja bien colocadas en los posadedos, tener valor para clavarle la aguja mientras apretamos las fosas nasales inyectando el contenido suavemente en el cuello de la vaca. 

Una vez inyectada la vacuna con su contenido, puedes soltar las fosas nasales de la vaca, que si le ha dolido te mirará mal si no le sueltas su manjar de sal para perdonar tu mala leche 🤪 

Se me olvidó poner lo que pasó en mi centro de salud cuando me llamaron para ponerme la COVID.

Había bastante gente y le dije a la enfermera que me diera las inyecciones que ya me las ponía yo solo.

Ella me dijo que no sabía poner inyecciones. 

Yo le comenté que había aprendido a ponerle inyecciones a las vacas.

Y una mujer que le habían puesto la COVID, la antigripal y la neumococo, se puso a llorar al escucharme decir eso 😂🤣

La enfermera me puso todas esas inyecciones y le pregunté que si había alguna más 😂

"Vete, vete. Estás asustando a la gente" 🤣😂🤣🤣😂🤣

miércoles, 1 de octubre de 2025

Brigitte Bardot: cosas que nunca he contado

Brigitte Bardot era amiga mía desde que hacía películas en Almería.

Vivía en una casa mata a quinientos metros de la mía y la veía pasar moviendo la cadera casi todos los días. 

Me veía, me miraba y me lanzaba un beso 💋 a través del aire, llamándome "Niño guapo". 😂 

Su casa estaba enfrente de la casa de mi tía, en Los Molinos, pero yo la veía por la playa, limpia de maquillaje y con ojeras. 

Ella estiraba su toalla sobre la arena, y me saludaba "Hola, niño guapo", y el hombre que le acompañaba se me quedaba mirando, preguntándole a la dulce Brigitte de qué me conocía. 

El fanfarrón le dijo algo riéndose de la Brigitte, y esta lo pateó y lo echó de su lado, "Va te faire foutre, connard", y se deshizo de él. 

Me miró y me dijo " Niño guapo", mientras yo veía al machote irse de la playa echando humo por las orejas, observado por la gente.

La dama se colocó un sombrero de verano de ala muy ancha, unas gafas de sol muy grandes y movió un poco su sombrilla antes de soltarse un poco el sostén del biquini.

Cogió su copa de cóctel que le había servido su asistenta, se echó crema por todo el cuerpo y la cara, y se tumbó sin acordarse del fulano que había echado por decirme alguna payasada.

Ella tenía como treinta años. Yo quizás no tenía cumplidos los siete años. 

Cuando tenía calor, me levantaba y salía corriendo para echarme de cabeza al agua. 

A veces me iba a la punta del espigón, y ella disfrutaba observando a través de sus grandes gafas de sol, mis peripecias dejándome llevar por las olas.

Un par de horas después, solo buscaba sombra, estaba achicharrada 😂 parecía una niña loca metiéndose en el agua, y una vez dentro no quiso salir.

Hizo que su asistenta entrara en el agua con la copa de cóctel, le sujetó el sombrero y las gafas y metió la cabeza bajo la superficie sintiéndose aliviada.

Miró a su alrededor buscando dónde estaba y vino al espigón. Se sentó a mi lado junto a mis amigos, observando lo clara y llena de luz que era el agua de la playa.

Plena de energía se puso de pie, aseguró sus pies para no resbalarse, y se zambulló cuál sirena de un libro de mitología. 

La vi llegar a la orilla, ponerse un chal, su asistencia recoger todo, y se fue de la playa diciéndome adiós con el brazo, lanzando su beso al aire.

Mucho tiempo después, estaba sentado en el peldaño de mi casa y la vi llegar por la plazoleta Horneros. Entró en la calle Martínez totalmente vacía, se paró frente a mí, me llamó "Niño guapo" y me dijo que se iba.

Yo estaba pintando el gorila Maguila en una libreta de dibujo. La miré, nos dimos la mano, y siguió su camino en dirección a la huerta, sola, sin asistencia, para no llamar la atención, y lo cierto es que pasó desapercibida.


sábado, 27 de septiembre de 2025

La leyenda de Don Lucas Verdegay en el Barrio Alto

Cuando yo era un niño, se montaban hogueras enormes en la plazoleta Horneros. 

Siendo tan pequeño no podía irme muy lejos, así que la plazoleta Horneros ya era bastante lejos de lo lejos que podía irme.

Por calle Martínez, lo más lejos que podía llegar sin poner de los nervios a mi madre era la curvatura del muro de la huerta, justo la casa de Doña Genara, donde la calle se abría y veías aparcados camiones de un vecino camionero. 

La primera vez que me fijé en Don Lucas Verdegay fue durante una hoguera en la plaza Horneros.

La hoguera parecía quedarse sin nada que quemar y de repente aparecía Lucas con un pelotón de personas arrastrando todo tipo de muebles rotos, palos, maderas, etcétera, para poner el fuego tocando el cielo. 

Me acuerdo un día que estaba sentado en la acera del vecino, esquina calle Martínez con la plazoleta. 

Habían traído tantos muebles y maderas para quemar, que el diámetro de la base ocupaba todo el centro de la plazoleta sin que ningún coche pudiera pasar hacia la carretera Ronda por la cuesta hacia la Cruz Roja, aunque a duras penas podían girar para ir por el callejón del Pajero. 

Sentado en mi esquina con algunas vecinas de mi edad, (2, 3 o 4 años), veía a Lucas Verdegay ir y venir por la calle Morales a la plazoleta continuamente, horas antes del anochecer.

Lucas Verdegay parecía el capataz experto de un grupo que se iban de vacío y retornaban con todo tipo de materiales para alimentar el fuego eterno de nuestra niñez.

Quienes colocaban los muebles con cuidado en la montaña, nos gritaban que nos fuéramos a la esquina cuando por curiosidad nos acercamos para verlos amontonar con maestría muebles enormes, que de estar pocos agarrados, podrían desprenderse.

Así fue cómo me fijé por primera vez en Don Lucas Verdegay y en los demás niños mucho más mayores que yo.

Lo de montar el Lucas CF, solo sé que jugaba con los otros niños en la plaza Mula, llegaron unos y dijeron que Lucas estaba creando el club. Nos dio unos papeles para que lo firmaran nuestros padres. Y mi padre lo firmó.

Llegué a pensar que era un proyecto serio. Jugábamos en la plaza Mula pero nunca vi que nos ficharan, o tal vez no lo recuerdo, porque yo sí recuerdo rellenar cartones de colores, que eran las fichas para federarse.

Vivimos las fiestas en algunos pocos guateques. Ir a no sé dónde. Sillas en la puerta de la casa de Lucas, hablar de no sé qué. 

Y al rato irnos a la otra casa, donde tenía un tocadiscos de tapadera y hacía sonar los Módulos, los Fórmula V y incluso Manolo Escobar.

Don Lucas Verdegay nos tuvo controlados durante cierto tiempo. Ignoro cómo acabaron todos esos proyectos pero sé por su hija que falleció en 1974 o 1975. 

En octubre de 1975 estaba estudiando Ingeniería Técnica y Maestría Industrial. Tenía 14 años recién cumplidos y lo único que me interesaba era jugar al fútbol en el recinto de la escuela técnica.

Yo siempre que juego, recuerdo una imagen que se me quedó grabada por sentirme decepcionado.

Estábamos hasta los topes de gente en la plaza Mula. El día anterior habíamos jugado contra un equipo y creo que nos dieron un repaso.

Me sentía decepcionado y enfadado porque durante el partido contra un club de fuera, mis propios compañeros no me pasaban cuando estaba desmarcado, y me pasaban cuando estaba marcado. Todo muy a disgusto.

Entonces ese día siguiente hubo entrenamiento y estaba la plaza Mula hasta los topes, y Lucas se puso a hablar con alguien y cada vez que metía un gol, fui a decírselo porque no prestaba atención. 

Así hasta 19 veces. Metí 19 goles durante el entrenamiento porque mis compañeros me pasaban. No como el partido del día anterior, que no me pasaban.

Pero Lucas estaba hablando con alguien y no prestó atención en todo el partido  entrenamiento. A saber tú qué hablaba con el otro hombre como para no seguir las evoluciones.

¿Cómo iba a saber lo que le pasa a un delantero centro?.

Muchos habrán jugado toda su vida al fútbol, pero siguen sin saber lo que es un delantero centro.

Tras esos tiempos del San Lucas, si querías encontrarme, me encontrabas en la playa, a todas horas, todos los días, incluso en invierno, aunque hiciera grandes marejadas, el nene jugaba con las olas.

¿Dónde estaba?. No jugando al fútbol. Estaba en la playa jugando con las olas o vagabundeando con la bicicleta.

Ya no tenía cercanía ni conexión con Don Lucas Verdegay. 

Yo lo recuerdo con la risa burlona en los ojos, las cejas pobladas, un bigotillo  fino, no estoy seguro, y lo veía grande, aunque veía más grande a Lucas hijo.

Tenía un rara coincidencia con Cristóbal, mi primo segundo, el primo de mi padre, que a veces venía de Tabernas a visitarnos. 

Don Lucas Verdegay siempre será una leyenda de nuestra niñez en el Barrio Alto.

martes, 10 de junio de 2025

Los hoteles alrededor del Barrio Alto

Llevo aburrido varias semanas y como me gusta investigar todo, se me ocurrió buscar hoteles alrededor del Barrio Alto para un hipotético viaje a Almería.

No sé si me ha decepcionado o me ha sorprendido lo que dicen supuestos clientes en los comentarios o reseñas tras hospedarse por ejemplo en el hotel Sol Almería del Barrio Alto.

A tener en cuenta que las reseñas no son verificadas, que cualquiera puede escribir una mala reseña de los hoteles sin haberse hospedado ni un solo día.

Particularmente, las veces que he pasado por Almería hasta el año 2.002, lo hice de paso, ya que estuve viviendo y trabajando en un pueblo del pirineo.

Pasaba por el Barrio Alto entrando con el coche por la plazoleta Horneros, recorría toda la calle Martínez giraba alrededor de la plaza del Pilar, la calle Olmo y por calle Verbena daba la vuelta para salir otra vez al Carretera de Ronda sin encontrar a ningún conocido. 

Casi siempre he hecho lo mismo. Iba a Málaga a ver a mis padres, y como trabajaban o hacían sus cosas, venía a Almería, recorría el barrio con el coche y por la tarde jugaba al dominó en el bar Pío del mercado de Regiones. Después me iba para Málaga para estar por las mañanas con mis padres. 

La vez que vi construido el hotel Sol Almería por primera vez me sorprendió bastante. Pequeño, levantado en un espacio diminuto, con pinta de ser un hotel familiar, excepto que pertenece a la cadena Sol, que tiene hoteles gigantescos en Torremolinos y Benalmádena.

Suponiendo que a lo mejor me interesa otro hotel de mayor rango dentro del Barrio Alto, solo encuentro el hostal Maribel situado en el lado opuesto de la rambla.

Leyendo los comentarios, también tiene supuestos clientes que dan malas reseñas, ya sea por el ruido interior o por el exterior, el estado de las habitaciones y/o los servicios que se incluyen por un precio alrededor de los 50€.

Alrededor de Regiones está el hotel Trek Índalo, con algunas reseñas que no dejan pie con cabeza, por la música entre otros motivos, de un cuatro estrellas.

Recuerdo estos hoteles de la avenida del Mediterráneo por algunos viajes de paso por Almería, caminando junto a unas instalaciones deportivas frente a Regiones pasando el día como un auténtico desconocido, que antes de seguir mi camino a los Pirineos, hacía parada en el Carrefour o en el gran complejo que descubrí donde se sitúa Alcampo.

No hay ningún sitio donde hospedarse en el Barrio Alto ni en Regiones que no tenga muy malas reseñas. 

Mi hermano me dijo que había otro hostal al otro lado de la rambla por la zona de la policía, quizás cruzando la rambla por la antigua escuela de formación, pero no lo localizo.

Los hostales más cercanos están pues a más de un kilómetro y el hotel mejor valorado por los alrededores del Barrio Alto y Regiones está a 1,4 km. 

Uno de los secretos mejor guardados de los establecimientos hoteleros, fue convertir las habitaciones de una persona para dos personas. 

Así una persona se ve obligada a pagar por una habitación el precio de dos, una forma de picaresca que involucró a los políticos para que cambiaran algunas leyes y parecezca que una simple habitación para una persona sea un lujo para dos personas.

Incluso los campings los han convertido en instalaciones de lujo desde el primer momento que prohibieron acampar en las playas para urbanizarlas y hacer negocio fraudulento.



Regiones Devastadas y el Barrio Alto son prima hermanas

He leído un artículo sobre Regiones, barrio que formaba parte importante de nuestra niñez. Nunca nos separó la Carretera de Ronda. En Region...