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domingo, 5 de julio de 2026

La aventura de ir a la playa en los años 60 en el Barrio Alto de Almería

No sé si os acordáis pero los autobuses que pasaban para ir a la playa por Carretera de Ronda, los de Circunvalación, tenían su parada frente a la Bola Azul al lado de la parada de taxis.

Había dos líneas de Circunvalación: Una corría de norte a sur y otra corría inversa. 

No me acuerdo por dónde transcurría las líneas.

Cuando íbamos a la playa cogíamos la que venía de la Bola Azul.

Y cuando volvíamos de la playa cogíamos la que venía del centro de Almería con destino a la Bola Azul.

Después también estaban los autobuses que iban a Los Molinos pero creo que cuando volvían de Los Molinos iban al centro por la Calle Real del Barrio Alto.

Ir a la playa era todo una aventura.

No recuerdo qué línea era el autobús que venía del Zapillo pero giraba por la Carretera de Ronda hacia la Bola Azul.

Lo que recuerdo es que esos armatostes que expulsaban un humo negro y tenían un motor delantero enorme se llenaban hasta los topes.

Podíamos estar horas en la parada del autobús junto al rojo impacto del Cable Inglés para que el conductor no se detuviera nunca.

Ver pasar los autobuses sin que ninguno parara desesperaba a mi madre y a las otras madres con quienes nos juntamos para ir a la playa.

Éramos niños tan pequeños que el fuerte sol y la calor de la tarde nos deparaba una sed endiablada.

Yo les hubiera pinchado las ruedas.

Nos dejaban pasmados después expulsarnos aquel humo negro maloliente por el tubo de escape.

Si yo hubiese sido el alcalde en aquellos tiempos, hubiera hecho detener a todos los conductores que no paraban.

Al cabo de tanto tiempo esperando en la parada nos íbamos andando por el muro de la estación 2,2 km desde la parada del Club de Mar hasta el Barrio Alto. 

Dejar a un montón de niños barrialteros que regresaban de la playa en las paradas del autobús debería haber sido delito.

Recuerdo un día que hacía muchísimo calor y tuvimos que volver andando hasta la puerta de nuestra casa.

No íbamos solos.

Por el camino se juntaron más madres con sus hijos caminando por la cuesta de la Carretera de Ronda sin que viéramos pasar ni un solo autobús de Circunvalación.

Yo creo que habían quitado autobuses para que los conductores fueran a la playa con sus familias.

Esto benefició a los pocos taxistas que no quisieron ir a la playa por ponerse a trabajar.

Pero no nos hacíamos ilusiones.

Los taxis iban a reventar con algunos incumpliendo las normas de cinco personas metiendo a siete u ocho.

También había pocos coches privados y veíamos pasar algunos pocos porque la mayoría llenaban la costa con sus familias desde el Club de Mar hasta la Playa del Río más allá de la Térmica.

O sea, 3,8 km de playa en línea recta desde la playa de Las Almadrabillas pero ningún autobús a la vista.

Conociendo lo que nos pasaba no era de extrañar que nuestras madres hicieran acopio de helados o bebidas como la cola o la naranja, que, al fin y al cabo, acentuaba nuestra sed.

Los helados sino los devorabas por el camino te dejaba unos churretes de escándalo con las manos pringadas negras.

Pero eso a nosotros no nos importaba porque somos de otro galaxia.

Un día no hace demasiados años, vi a unos niños manipulando latas con las que se podían cortar.

Le preguntó a unos hombres si esos eran sus hijos y sabéis lo que me contestó:

- Esos no son mis hijos y nunca se cortarán con latas. Estos son mis hijos y son tan tontos que seguro que se cortarán si manipularan latas.

Lo que he dicho. ¡Somos de otra galaxia!.


La aventura de ir a la playa en los años 60 en el Barrio Alto de Almería


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