Durante algunos de mis viajes me aburría en Málaga.
Decidí viajar a Almería ida y vuelta por unas horas a ver el Barrio Alto.
Conduciendo por las callejuelas de lo quedaba del barrio, cruzaba Carretera de Ronda callejeando por los alrededores del mercado de Regiones.
Quizás en otros viajes me había fijado en el letrero Bar Pío.
Quizás no le di importancia o tenía la cabeza en otro lado.
Pero esta vez aparqué el coche y entré en el bar pensando que encontraría al Pío del barrio.
El bar lo regentaba su primo que también se llama Pío.
Y, bueno, me senté en una mesa a contemplar el viejo mercado.
Es increíble cómo el paso del tiempo trasforma los recuerdos de la niñez.
Notaba cambios importantes pero no podía describirlos por falta de detalles.
Pío era un excelente conversador aunque yo no recuerdo si nos conocimos en la niñez.
Intenté recordar por qué venía al mercado de Regiones en mi niñez.
No recuerdo qué mercaderías me mandaba mi madre comprar en aquellos puestos en los años 60 y principios de los 70.
Toda mi niñez estuvo alrededor de la plazoleta Horneros, la plaza Mula y Regiones.
Es decir, el Barrio Alto a partir de la plaza Horneros.
Las tiendas que recuerdo son la de las chuches, el Spar, la ultramarinos en calle Verbena que daba a la calle Bejar...
Un zapatero en la misma calle Béjar, las pinturas Valentine yendo para Los Pintores, las tiendas de zapatos en calle Real, las pastelerías con las medias lunas, el bar Pío, la Bodeguilla, el bar de Juan en carretera Ronda, la farmacia de calle Real...
La peluquería💈de hombres en Regiones en la calle de la iglesia, la papelería un poco más arriba del quiosco Aurelio, el bar que había en Carretera de Ronda donde paraba los autobús de Circunvalación y Los Molinos en Regiones frente a la plaza Horneros...
Aquellos eran tiempos que los autobúses expulsaban humo negro...
Mi parvulario lo hice en Carrera del Perú antes de que me escolarizaran en el Virgen del Pilar.
Cada mañana cruzaba la carretera de Ronda hacia el quiosco de Aurelio para comprar golosinas o los estuches y otros materiales de colegio en la papelería más arriba.
Nunca íbamos solos para la escuela.
Decenas de niños salían de sus casas con sus madres yendo para el Hogar.
Allí nos mandaban formar filas y cantar canciones franquistas antes de entrar a clase.
Era un ritual franquista que muchos tuvimos que tragar durante una década.
Sentado en la mesa del bar Pío llegó Poyatos, un hombre ciego que confundí con otro que pasaba por nuestra calle Martínez durante la niñez.
También apareció un primo de Escobar, un amigo de mi niñez que vivía en la plaza Béjar.
Se pusieron a jugar al dominó y me vi jugando con ellos enparejado con Poyatos.
Poyatos vivía enfrente del bar de Juanillo y la casa del Pajero en Carretera de Ronda.
Así que por jugar al dominó un buen rato con ellos, fui a Almería varias veces para dormir en mi casa de Málaga entonces.
Me divertía hacer 550 km ida y vuelta para jugar un par de horas.
Eso se acabó en cuanto volví al Pirineo a trabajar.
Me gustaba la quietud del mercado de Regiones tapeando en el bar Pío.
¡Como buen trotamundos!
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