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miércoles, 19 de noviembre de 2025

El paso del tiempo borrando la pobreza mientras crea otro Barrio Alto de Almería

Me ha llamado de forma alarmante el paso del tiempo en la calle donde nací y di mis primeros pasos. 

En el Barrio Alto ocurre lo mismo que en el universo.

Todo lo viejo muere y desaparece, para dar paso a todo lo nuevo. 

El reciclaje ocurre lo mismo en lo más profundo de las galaxias como en las calles de nuestra niñez.

¡Nos estremece!.

Nuestros hogares pasaron a ser hogares de otras personas, que con el paso del tiempo, se estremecen viviendo los cambios a su alrededor.

Ese edificio del fondo era el pajar con la fonda del Pajero.

Ese rincón era donde yo jugaba con los remolinos cuando por la esquina izquierda había una calle que salía a la carretera de Ronda.


Han derribado la casa que se sostenía en la cuesta de salida a carretera de Ronda frente al edificio de la antigua Cruz Roja. ¡Insólito!.

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La calle Morales ahora forma parte de la plaza Horneros con un parque amplio que no se ve en esta captura. 

La humilde calle Pescadores también fue borrada para hacer una plaza Horneros ancha con un parque. 

En mi calle Martínez, por el lado izquierdo de la foto, aún permanece en pie la casa de los Quero, mi casa, la casa de mi tía Pepa, la casa de los Álvarez y tal vez la de Frasquita. 

Por la derecha sigue en pie la casa de la Remisinda, la de los Sevilla y la que vemos en la foto de mi antiguo vecino. 


No le echo mucho tiempo a estos hogares de la zona izquierda, que arrastran mucha historia y dignidad.

La calle Martínez hace mucho que dejó de ser un cúmulo de viviendas humildes.

Veremos cambios importantes incluso en la calle Real del Barrio Alto.

lunes, 17 de noviembre de 2025

Las víctimas de la guerra en el Barrio Alto de Almería

Todos sabemos que hubo un refugio en la antigua plaza del Pilar del Barrio Alto.

 Un sistema subterráneo de protección antiaérea de hormigón.

Según cuenta Agustín Belmonte, en 1937 se construyó en lo que hoy es la plaza Béjar, uno de los refugios antiaéreos que proyectó el arquitecto municipal Guillermo Langle durante la Guerra Civil.

Lo cubrieron con un extenso túmulo de tierra de casi dos metros de alto cercado de balates de mampostería.

En 1961 la Delegación Nacional de Sindicatos del franquismo construyó cuatro bloques de viviendas baratas en medio de la plaza, destruyendo el refugio de Langle. 

Las 68 viviendas recibieron el nombre del director del antiguo periódico católico La Independencia, Fructuoso Pérez Márquez, asesinado a comienzos de la Guerra Civil.

https://www.diariodealmeria.es/almeria/pilones-Barrio-Alto_0_698930568.html

Tenía escrito esto porque Loli López nos contó lo del bombardeo. Lo que ocurrió en la plaza Béjar me estremeció profundamente. 

La gente fumaba fuera del refugio colapsando el acceso, "porque nunca pasaba nada" , hasta que pasó. 

Hubo barrioalteros muertos pisoteados por la avalancha de acceso al refugio, no por los bombardeos.

Cuentan que era el mes de Mayo de 1937.

Parte de la flota alemana fondeada en las inmediaciones de Ibiza, fue bombardeada por bombarderos Katiuska rusos de las Fuerzas Aéreas Españolas de la República.

El ataque causó más de una veintena de muertos y casi cien heridos, dejando el buque Deutchland gravemente dañado.

Las represalias no se hicieron esperar. Por alguna oscura decisión Almería fue víctima del bombardeo ese mismo año de 1937.

El único objetivo era probar las nuevas armas convencionales contra la población.

¿Qué tenía que ver Almería con el ataque de los Katiuskas rusos de la República?. 

¿Por qué no atacaron enclaves militares de la República en Madrid?. 

El objetivo siempre fue probar las primeras armas convencionales de la Historia contra la población. 

Provocaron exterminio en Granada y en Málaga republicanas. 

Muchos huyeron buscando refugio a Almería.

Las armas que se probaron en Guernika, durante la Desbandá granadina y la Desbandá malagueña, se usaron durante la Segunda Guerra Mundial. 

Muchísimas cosas graves que pasaron en la República la pagaron con creces los andaluces. 

 


sábado, 15 de noviembre de 2025

Manuel Ibáñez Nieto, el futbolista leyenda del fútbol modesto del Barrio Alto de Almería

Los humeantes Colts de José El Habichuela en el saloon Barrio Alto de Almería

El hombre trabajaba en las cuadras. Era de los mejores mozos en sanear las pezuñas de los caballos en Barrio Alto. 

Era un individuo de apenas 160 de estatura, enjuto, de barba cerrada, que apareció un día por la city montado en su Burry, una yegua pinta robada a los comanches, que se había convertido en su fiel sombra para escapar de más de un follón. 

Vestía un sombrero tejano mostrando con orgullo en su chaleco una oxidada estrella de sheriff que se había encontrado en el río Andarax. 

Se movía por el salón Barrio Alto desenfadado, juntándose con tahúres, ladrones y pistoleros.

Y ya por entonces llegaban las malas noticias. 

Terence Hill, Bud Spencer y Giuliano Gemma eran la Banda de los Italianos, expertos asesinos asaltadores de  bancos, transportes militares y diligencias. 

El Habichuela como lo llamaban en la city, no tenía nada que ver con la banda.

Llegó a la ciudad hacía unos meses, justo después de que llegara un pistolero ruso mongol llamado Yul Brinner, que se había convertido en el gran tahúr entre los tahúres, que en pocas semanas desplumó a media ciudad. 

Muchos gestionaban sus deudas con sustanciosas cantidades y el Habichuela se pegaba como una lapa a quienes le reportaban cuantiosos beneficios.

Se pegó a los herradores del establo burlándose como una rata asquerosa de la falta de profesionalidad de quienes se afanaban en limpiar, sanear y calibrar las irregularidades de las pezuñas colocando herraduras a los caballos. 

A lo tonto a lo tonto consiguió que el tonto de turno perdiera los estribos y se jugara su puesto de trabajo.

Retándolo en una apuesta a ver quién hacía mejor trabajo con los caballos, el Habichuela destrozó al otro individuo quedándose con su puesto de trabajo.

Al Habichuela le vino muy bien aquel trabajo. El dueño del establo ni le ponía horario. 

Trabajaba cuando tenía ganas. Llegaba, se ponía en la faena y al par de horas todos los caballos estaban bien herrados.

Dejaba a los puercos paletos que lo observaban asombrados.

En el salón nunca le dirigió ni una mirada, ni una sola palabra, al ruso.

Cuando se cruzaban ambos, uno de ellos se quedaba parado para que pasara el otro. 

La gente intuía que había algo raro había entre ellos pero no se sabía qué.

Una mañana las noticias decían que los Italianos cabalgaban cerca de la city Barrio Alto.

Los ciudadanos sabían que se acercaban problemas. 

Muchos comenzaron a ocultar grandes cantidades de dinero en los bajos de sus hogares porque no se fiaban del banco. 

Aún así la mayor parte de la riqueza peligraba en el Barrio Alto Bank a merced de los pistoleros italianos.

No pasaron ni veinticuatro horas que los tres miembros de los Italianos entraron por la calle central de la city y la gente se llevó las manos a la cabeza corriendo para encerrarse en sus casas.

Cabalgaron hasta las puertas del salón y entraron uno detrás del otro, metiendo miedo.

En la barra los atendió con premura el tabernero sudando chorros como un marrano.

Terence Hill señaló la partida de póker que se jugaba en la mesa del tahúr ruso.

Bebieron una gran jarra de cerveza y se acercaron a la mesa abriéndose sitio a la fuerza. 

Sacaron sus fajos de billetes pidiendo cartas al ruso.

- No les voy a servir cartas hasta que no pregunten amablemente si les permito jugar - les dijo Yul Brinner.

Bud Spencer se revolvió para sacar su revolver pero Terence Hill y Giuliano Gemma lo detuvieron.  

Si te lo cargas ahora no tendremos diversión - espetó Gemma y se rieron del ruso imitándolo con sarna. 

- Zus pedimov amablementerinov jugarev al pokérenov - le dijo Spencer con guasa.

Yul ni se inmutó. Repartió cartas para callar a los pistoleros que le acosaban.

El Habichuela entró silencioso como un gato y se situó en una mesa cercana a la partida, a espaldas de los italianos. 

Solo el ruso percibió su presencia.

Ningún feligrés se atrevió a moverse de su asiento para salir del local. 

Tenían miedo de dar la espalda a aquellos pistoleros. 

La primera manga de la partida se definía justo en ese momento. 

Terence Hill creyó que había engañado al ruso. Levantó sus cartas a la vista de sus hermanos presumiendo de trinidad, disparando y creyéndose más rápido que el rayo. 

Cayó al suelo convertido en un fiambre, con los ojos bizcos, sin saber por dónde le había llegado el tiro.

Bud Spencer y Giuliano Gemma no podían creer lo rígido que se había quedado el pobre Trinidad.

Y pensar que Henry Fonda llevaba meses en México siendo acosado por experimentados agentes especiales del gobierno.

Yul Brinner los invitó a sentarse para continuar la partida, mientras enfundaba el humeante cañón de su plateado Colt. 

Repartió cartas tras pedir un corte y el miedo se dibujo en los rostros de los Italianos, obligados a jugarse los fajos de dólares que aún no habían perdido en el juego.

Yul Brinner volvió a ganar la partida. Se guardaba los fajos de billetes en los bolsillos interiores de su camisa cuando fue encañonado por Spencer.

Gemma restregaba los cañones de sus Colts por los ojos del ruso, su nariz y su boca.

El Habichuela entonces tomó parte del juego. 

Los dos pistoleros lo oyeron a sus espaldas, que sabía un juego ruso muy divertido. 

Bud Spencer y Giuliano Gemma se sorprendieron de estar oyendo una voz de ultratumba o un fantasma. 

Los feligreses abrieron hueco y los italianos pudieron ver que se trataba de un hombrecito pequeño y barbudo, vestido con ropa elegante y rostro de pajarraco.

 - Tenemos encañonado al puto ruso y nos sale un pajarraco bastardo diciendo que conoce un juego ruso muy divertido - dijo Gemma. 

Y se rieron a carcajadas los dos italianos con muchas ganas de agujerear el melón de Yul Brinner.

El pequeño hombre sacó entonces un fajo bien gordo de billetes y lo puso sobre la mesa, alentando a todos a aceptar las apuestas. 

En el salón corrieron a jugar las apuestas como quien llama al diablo.

Bud Spencer y Giuliano Gemma se emocionaron de ver tanto dinero en la mesa.

Miles de dólares lograron que los italianos se olvidaran de encañonar al ruso para meterse en la apuesta.

- ¡Vale!. ¡Aceptamos la apuesta! - dijeron. 

Yul Brinner observaba sentado entre risas. 

- ¿De qué trata la apuesta?" - preguntó Giuliano Gemma. 

- El juego ruso consiste en disparar cuatro veces seguidas haciendo que las balas reboten en los rincones y paredes del salón para alcanzar el blanco - dijo el Habichuela.

Bud Spencer se reía a carcajadas de las ocurrencias del hombrecillo. 

Lo consideró un verdadero imbécil. Y Giuliano Gemma lloraba a lágrima viva sin poder aguantar la risa.  

- ¿Eso cómo va a ser?. ¿Eso cómo va a 
ser? - Spencer se mofaba del Habichuela y Gemma jugaba a enfundar y desenfundar su revolver, restregándolo por la nariz del ruso.

- Señores - preguntó el Habichuela - si me permiten comienzo yo el juego ruso. 

Bud Spencer depuró su jarra de cerveza y Giuliano Gemma asintió perplejo desde su silla. 

- Pero antes dime cómo te llamas - preguntó Gemma.

- José, El Habichuela - contestó el pequeño barbudo. 

El Habichuela disparó cuatro veces haciendo humear sus Colts color de lata.

Las balas fueron rebotando de pared en pared por las esquinas del salón mientras Bud Spencer hablaba. 

- Ese nombre lo he oído muchas veces. A ver si me acuerdo" - decía Spencer.

- ¿Cuál es el blanco?. No nos has dicho cuál es el blanco - preguntó Giuliano Gemma.

Justo en el momento que la primera bala rebotó en la última pared y le perforó la sien. 

La segunda bala también le perforó la sien.
 
- ¡Ya recuerdo! - dijo Bud Spencer.

Justo en el momento que le atravesó la tercera bala y no pudo terminar de explicarse porque la cuarta bala le destrozó la sien.

Yul Brinner aplaudió a su compañero de fatigas.

El Habichuela enfundó sus humeantes Colts. 

Se oyó un clamor de sorpresa en todo el salón. 

El Habichuela cogió su oxidada estrella de sheriff, la frotó contra su chaleco y volvió a colocarsela con orgullo.

Guardó su parte de la apuesta. 

Silbó para que su Burry pasara a recogerlo en la puerta del salón. 

Yul Brinner hizo lo mismo. Montaron y se fueron de Barrio Alto city.


El paso del tiempo borrando la pobreza mientras crea otro Barrio Alto de Almería

Me ha llamado de forma alarmante el paso del tiempo en la calle donde nací y di mis primeros pasos.  En el Barrio Alto ocurre lo mismo que e...