Tuve gatos y perros, palomas y pájaros, y una cabra. Me gustaban mucho los animales pero me hicieron sufrir tanto que al final no puedo vivir con ellos si no es en un lugar donde vayan libres, no en un piso.
No recordaba cómo se llamaban los hermanos dueños de las cuadras de calle Olmo, me ha informado Trino que Juan "el Torcuato" era el más delgado. Lo digo porque la primera vez que fuí solo a Almería tenía veinte años.
Me paseé por las calles de mi niñez sin que nadie me reconociese. Pasé por las cuadras y estaba sentado en una silla en la puerta el hermano regordete. El otro rubio algo cojo no estaba y las cuadras ese día no tenían ninguna actividad.
Hablé con él como si fuese una persona que no conoce el barrio y se quedó extrañado de las preguntas tan raras que le hacía, y me reía como buen bufón viendo que no tenía muchas ganas de hablar.
Cómo me iba a reconocer si cuando me fui del barrio le llegaba por debajo del pecho y con veinte años y un metro setenta y siete de altura no le iba a llegar por el sobaco.
Le di las gracias por la información y observaba mis movimientos por la calle Olmo cuando miré a ver si estaba el Spar. No había Spar.
Volví hacia atrás a ver si estaba la "Taberna de los siete días" y estaba cerrada. Cada vez que pasaba le sonreía. Retorné por calle Olmo a mirar a ver si veía a una vecina que ahora mismo ya no recuerdo quién era.
No toque en ninguna puerta, tan solo observaba si estaba habitada. Me fui para calle Martínez y giré para calle Verbena a ver si existía el ultramarinos. Creo que sí.
Entonces me dirigí a plaza la Verbena y estaban allí pegados a la pared de la casa tomando el Sol la mayoría de chavales.
Algunos los reconocí y me reconocieron. Otros al crecer habían cambiado su fisonomía y eran más difícil de reconocer. No tardé mucho en irme porque se me quedaban mirando y yo no sabía cómo responder.
Me volví para donde las cuadras y el hombre se sobresaltó en su silla y yo me reía que me seguía con la mirada sin reconocerme.
Recuerdo perfectamente los caballos y mulos cuando los preparaban para los festejos, todos bien adornados con penachos de colores muy llamativos y campanillas que atrapaban la atención de la gente por la calle.
Pasaban por mi calle trotando ligeros provocando que los vecinos salieran de sus casas para verlos pasar con esas prisas y esos sonidos que dejaban a los niños babeando de alucinantes.
Algunos aún los seguíamos hasta que giraban por carretera de Ronda viendo perderse en la distancia en dirección a alguna parte que desconocíamos.
Respecto a mis animales domésticos, gatos o perros ninguno llegó a viejo. Envenenados, asesinados o hechos desaparecer por el merodeador de azoteas que no son de su propiedad que también robaba palomas.
Había personas que ponían veneno a los animales domésticos y no recuerdo que ningún vecino de mi calle tuviese ningún animal doméstico libre, que pudiese tener libremente en la calle.
A veces pensé que había gente que comía palomas, gatos y no me extraña que también comiesen perros cuando no los envenenaba.
Para quien tenga interés en adquirir un libro mío de poemas o relatos, la página de inicio de mi sitio web es https://www.bernaberamirez.com donde podéis encontrar cualquier título cuyo enlace te llevará a Amazon, puesto que me auto publico para no depender de las grandes editoriales.

No hay comentarios:
Publicar un comentario