Tengo doce blogs con historias, poemas, artículos de mi creación y opiniones deportivas.
Barrioaltero, es el único blog dedicado al Barrio Alto y por lo que parece trasciende más allá del entorno de nuestra niñez.
Si hubiera nacido en Cádiz y me hubiera venido a Málaga, me orientaría como lo hace un gaditano.
Pero como nací en Almería me oriento como lo hace un almeriense.
Siempre habrá alguien que no sabe orientarse en la vida.
Durante la época de la niñez a la adolescencia caminé sobre piedras ardiendo en mi camino.
No es que estuviera loco. Es que los demás me volvían loco hasta que me di cuenta que eran el doble de ignorantes que yo.
Mi juventud fue terrible como la de tantos jóvenes pero yo fui capaz de adaptarme a los hábitats donde otros no podían sobrevivir.
Lo peor fue que quienes se postularon como personas cercanas nunca me preguntaron qué es lo que yo quería.
Todo quisqui se me acercaba con la intención de engatusarme para llevarme por el camino por el que yo venía de vuelta.
A veces soñé con vivir en Almería pero después, cuando andaba bien lejos con la mochila, Almería era el pasado.
Las chicas con las que salí a lo largo de los años fueron miles.
Nunca tuve novia porque cuando intentaba que se viniera conmigo de viaje todo eran negativas y tomarme por loco.
Las pobres ignoraban que me encantaba ser considerado un loco.
Por nada del mundo les iba a ceder mi sitio para ser guiado.
¿Sabéis por qué?.
Cuando cumplí dieciocho años yo confrontaba mis diferencias con cualquiera.
Me vi obligado a coger la mochila y irme a andar miles de kilómetros hasta donde llegara.
Almería era una ciudad de paso para descansar durante tres días como cualquier ciudad de nuestro entorno.
Venía al camping La Garrofa e incluso llegué a pasar unos días de baños en la playa de Las Conchas con una japonesa.
Esperaba encontrarme a Miguel, el abuelo del Zapillo que alquilaba los hidropedales de madera, sin darme cuenta que quizás tuviera cien años.
Toda vez que venía por Almería los nuevos tiempos eran como un tortazo en toda la cara.
Ese mundo que recordaba estaba desapareciendo a marchas forzadas y nadie parecía darse cuenta.
En otra ocasión me encontré en un hotel con una francesa y pasamos cuatro días poniéndonos más negros que el tizón en la playa.
Miguel ya no estaba y los espigones de las playas habían desaparecido.
Recorriendo ese paseo marítimo muchos edificios ya no eran los mismos.
Nunca supe qué es lo que había cambiado hasta décadas después cuando empecé a ver fotos.
El niño estaba dentro del hombre estrafalario. Nadie me reconocía y yo no reconocía nadie.
La Almería que recuerdo es un mito y el Barrio Alto un nido de dificultades.
Faltaban cosas pero no sabía lo que faltaba.
Me llevé un disgusto cuando desapareció la estación de autobuses para poner un supermercado.
Destrozaron aquellos mapas extraordinarios con los pueblos de Almería y la barbería alargada de la esquina.
Habían construido una presunta estación intermodal que en realidad era una estafa visual muy agresiva.
Del paseo marítimo llegué a pensar que los espigones de las playas los habían sepultado debajo de las aceras.
Algunas veces gente conocida del entorno de Torremolinos me decían que nunca me habían visto con una mujer.
¿Sabéis que ocurrió la víspera?
Una chica grande con buena delantera que trabajaba en una tienda de moda de un amigo de mi padre en la mítica calle San Miguel, se había prendado de mí.
El amigo se puso nervioso y me preguntó si la conocía de algo.
Yo solía reírme de estas tonterías.
Primero me dicen que nunca me han visto con mujeres y cuando sonrío a una que se ha prendado de mí me echan ascos.
A saber tú el motivo jajaja jajaja
Un día que volvía a mi casa por el puente de Las Américas vi a la chica conduciendo el coche acompañada por su novio.
Ese paso de cebra tras pasar por encima del puente es un lugar difícil donde no hay que perder ojo.
La chica me vio, sonrió y terminó chocando por detrás con el coche que tenía delante parado en ese paso de cebra.
Aún no había llegado yo a ese punto y cuando pasaba por el paso de cebra el novio estaba de los nervios.
Vi a la chica profundamente preocupada sin mirarme.
Días después supe que el amigo la había despedido del trabajo. Ya no la vería más.
¡Qué pena!. ¿No?.
Una vez tuve la oportunidad con una almeriense que tiene su familia en Granada.
Yo quería que se viniera y ella quería que fuera con ella a la nada más absoluta.
Y eso que practicaba rapel en la Alpujarra.
Preferí quedarme en Capileira para recorrer todos los días la montaña en solitario.
En aquellos tiempos al Chullo solo subían cuatro pajarracos.
Difícilmente me encontraba con montañeros.
Mi secreto era no subir nunca a las cimas sino vagar por los barrancos.
No quería encontrarme con gente engreída cuando yo buscaba el silencio y las reflexiones.
Alguna vez alquilé un bungalow en el camping de Roquetas y no hice ninguna amiga porque quería estar solo.
Me oriento hacia el Barrio Alto pero yendo a la playa de Las Conchas a ponerme como el tizón en solo unas horas.
Me gustaba sentarme a tomar una horchata en el paseo de Almería pero hasta eso ha desaparecido.
¡Es increíble!.
Me vais a perdonar pero mañana voy al gimnasio.
Tengo que seguir con mi recuperación física psicológica corriendo en la elíptica.
Hago sesiones de intervalos a 23 km/h durante 40 minutos con una inclinación media de 5%.
Por culpa de algunos locos he estado tres días sin ir al gimnasio.
He comprado un horno de 33L para cocinar junto al que ya tengo de 10L.
Hace tres días que me lo quieren entregar pero no me ven el pelo.
He desenchufado la vitro y el horno viejo está listo para reciclar.
Pero los locos siguen mareando a mi alrededor.
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